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LA LEYENDA DEL HOMBRE DE PLATA. ARGANTONIO. LAS MINAS DEL REY SALOMON

La primera fuente histórica que alude a Tartessos es la Historia de Heródoto, del siglo V a. C., que habla del rey Argantonio (significa Hombre de plata y se dice que gobernó cien años) y su incontable riqueza, sabiduría y generosidad.
 
Herodoto dice que nuestro Argantonio vivió 120 años, de ellos 80 como rey. Y su fama de hombre rico y venturoso estaba tan extendida que su contemporáneo Anacreonte, seis siglos antes de Cristo, presumió en unos versos: «Yo no desearía el cuerno de Amaltea ni reinar 50 años en Tartesos»
Es evidente que las noticias sobre Tartesos tienen una base real en el comercio que, por ejemplo, mantenía Salomón con las naves de Tershesch, cuyo viaje de ida y vuelta a los confines occidentales del Mediterráneo duraba tres años. Y es igualmente indiscutible que el nombre de Argantonio y el de Tartesos respondían para los griegos a una realidad. Sin embargo, esa realidad se mezclaba de forma que hoy nos parece armoniosa y mágica con los mitos creadores de la civilización, a la vez descubrimientos y explicaciones del mundo recién nacido.

Monarca centenario, gobernó sobre el reino de Tartesos. Se ofreció a ayudar a los foceos en su lucha contra los persas y a admitirles en su reino si eran vencidos. Anacreonte lo pintó como símbolo de la felicidad terrestre. Rigió patriarcalmente los destinos de su pueblo.

El imperio tartesio o tertésico se extendía desde el Algarve hasta las montañas de Alicante y sus límites naturales eran la cordillera mariánica al norte y el río Segura al este. Constaba de varias ciudades grandes y tenía su centro en la capital.
 
 
Tartessos o Tartéside (griego: Τάρτησσος, latín: Tartessus) fue el nombre por el que los griegos conocían a la primera civilización de Occidente. Heredera de la cultura megalítica del suroeste ibérico, se desarrolló supuestamente en el triángulo formado por las actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, en la costa suroeste de la península Ibérica. Tuvo por eje el río Tartessos, que los romanos llamaron luego Betis (antes Oleum flumen = río de aceite) y los árabes Guadalquivir (que significa río grande). Sin embargo, nada es seguro y varios autores tratan de situar el río Tartessos en las bocas del Odiel y el Tinto (ría de Huelva), en el Mar Menor, en las bocas del Guadiana o en el mismo Tajo. En el 2001 se le puso río Tartessos al antiguo río Castellar que pasa por Castellar (Jaén). Los tartesios desarrollaron una lengua y escritura distinta a la de los pueblos vecinos y tuvieron influencias culturales de egipcios y fenicios.
Argantonio no fue un Rey Fundador típicamente mediterráneo y mítico, como Gerión, Gárgoris o Habis, sino que vivió, pero vivió tanto que su propia edad se convirtió en mito, hasta el punto de hacer de su figura uno de esos relieves tartésicos en los que lo humano y lo simbólico coexisten con maravillosa sencillez.

Otros reyes que fueron historia, como Minos en Creta, son al tiempo creaciones míticas. Y eso sucede también con Argantonio: que tenemos dos vías para llegar a él: la historia y el mito, y ambas son verdaderas aunque no tengan una misma existencia real.

TAREAS

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